lunes, 3 de octubre de 2011

Mis ultimos dias...



Luego de la guerra en el año 1974 me volvieron a elegir como primera ministra pero renuncie.
Me retire de la vida pública y comencé a escribir mis memorias, también estuve presente en la Knéset para saludar al presidente egipcio Anwar Sadat en mi visita a Jerusalem en noviembre de 1977.


Estoy viviendo con mi hija Sara y creo que estos seran mis últimos dias de vida. Si, como lo han leido, estoy muy enferma, tengo cáncer. Me siento debilitada pero estoy feliz por todo lo que pude lograr en mis 80 años de vida. Se que hice todo lo que pude...
Creo que no deje nada por hacer, sufri mucho desde chiquita, los pogromos rusos en mi pueblo natal me marcaron para el resto de mi vida. 

Creo que cada uno de ustedes, desde que nacemos tienen heridas y para una vida mejor preferimos olvidarlas, sobre todo si las sufren en los primeros años. A pesar de sus esfuerzos, esas, las primeras, son las que no pueden eliminar. Allí quedan, ocultas pero vivas, que aparecen en los momentos en que algo nos las recuerdan, porque esas son las que no podemos borrar totalmente aunque queramos. 

Pero yo soy diferente, yo no quise olvidar y los recuerdos de aquellos lejanos pogromos definieron qué hare con mi vida: me propuse que ningún judío volviera a sufrir por ser un judío sin tierra y a eso dedique todos mis esfuerzos. 

En muchos aspectos creo que fui una precursora, estudie y enseñe cuando casi ninguna mujer en mi comunidad lo hacía, eso sólo me costó alejarme momentáneamente de mi familia. Trabaje con mis manos y me mantuve económicamente mientras estudiaba y planificaba mi vida, me casó, tuve hijos, ame y fui amada, todo lo hice mientras contribuía con mi esfuerzo a la concreción de un sueño: la creación de un estado judío en la tierra de Israel.

Entonces no sólo tenía que usar mis manos trabajando la tierra, cuidando gallinas y cultivando naranjos en los primeros kibutz, sino que debía participar en política, y también lo hice. Me parece que es un caso especial porque normalmente la vida nos obliga a elegir y lo que me distingue es que yo lo eligi TODO. 

Por supuesto, uno es indivisible y cuando se es pobre más todavía, no hay en quien delegar algunas responsabilidades, sin embargo, yo segui adelante con mi sueño a pesar de mis circunstancias. Frente a tanta adversidad algunos quedan en el camino, desmayan y dejan a otras generaciones concretar las propias aspiraciones, sobre todo si son tan utópicas. No fue mi caso, yo logre hacerlo todo y vi mi sueño hecho realidad. 
Fui una niña que sufrió gestó a una mujer, a una política, a una primer ministro que no dejó de reprocharse no haber sido todo lo buena que hubiera querido ser en cada uno de esos aspectos de su vida. Ella pensó que debió ser mejor madre, mejor esposa y mejor política. Decía que para actuar en política era inevitable hacer acuerdos aunque no fuera lo que se prefiriera y esto también lo lamentó. 

Creo que la gente no me recordara sólo por todo lo que hice, si no, por todo lo que dije para que quede en mi mente y mi corazón para siempre. Mis frases se hicieron célebres, y la mayoría de la gente elije esta, la que para ellos, es la que mejor me define como política y como ser humano: 

«He dado expresas instrucciones, de ser avisada personalmente cada vez que caiga un soldado nuestro, así sea en medio de la noche. Cuando el presidente Nasser dé instrucciones de ser despertado en mitad de la noche cuando caiga un soldado egipcio, llegará la paz» 

Porque la paz de los hombres se logrará sólo amando a cada uno de ellos, ofreciéndole una vida larga, productiva y bella. Cuando hay un enfrentamiento como el de Medio Oriente, no puede haberla si uno de los contendientes cree que lo mejor que puede ofrecerle a su pueblo es una muerte supuestamente gloriosa en su cultura y vana para el resto de los mortales.

Bueno, esto concluye al fin, porque todo tiene un final....
Si esto es una despedida, que sea un hasta siempre...




No hay comentarios:

Publicar un comentario